ESTRES POSTRAUMATICO

TRAUMAS

Un trauma psicológico es el resultado de eventos extraordinariamente estresantes que han hecho añicos la sensación de seguridad de una persona, haciéndole sentir vulnerable en un mundo peligroso.

Las experiencias traumáticas por lo general suponen una amenaza para la vida o la seguridad, pero cualquier situación que deje a un ser humano sintiéndose solo, anulado o abrumado; podrá ser traumática, incluso si no implica un daño físico.

No son los acontecimientos concretos los que determinan si un evento es traumático, sino la experiencia emocional subjetiva de dicho evento. Mientras más indefensa y asustada se sienta una persona, más probabilidades tendrá de quedar traumatizada.

En esta línea, un suceso será traumatizante en mayor medida si:

  • Ocurrió de manera inesperada o la persona no estaba preparada.
  • Sucedió de manera reiterada.
  • Tuvo lugar en la niñez.
  • Alguien fue cruel intencionadamente.

Por eso, tanto hechos puntuales (un accidente de coche, un ataque violento o un desastre natural) como alguna fuente de estrés incesante (padecer cáncer, vivir en un entorno violento…), pueden ser la raíz de un trauma emocional.

Resulta interesante observar que no todos los eventos que en principio se podrían considerar traumáticos, acaban provocando un daño emocional y psicológico duradero.

Hay personas que se recuperan rápidamente de incluso las vivencias más trágicas, mientras que otras se sienten devastadas tras experiencias que en principio parecen ser menos terribles.
Esto es porque existen factores de riesgo que hacen a algunos más susceptibles de quedar traumatizados: por ejemplo, si están bajo gran presión o han perdido a varias personas cercanas.
También tiene mayor probabilidad de quedar traumatizado/a quien ya ha sufrido algún trauma, especialmente si fue en su niñez. Los niños traumatizados ven el mundo como un lugar atemorizante y peligroso. Este sentimiento se mantiene vivo hasta la edad adulta, favoreciendo el escenario para futuros traumas.

¿Necesito ayuda por un trauma?

Los síntomas de un evento traumático son tanto de tipo emocional como físico para quien lo sufre.

Emocionalmente puede sentirse en shock, negar o no creer lo sucedido. También sentirse desconectado o insensible. Tener ansiedad, miedo, culpabilizarse…

A nivel fisiológico, es frecuente tener pesadillas, sufrir de insomnio, sobrecogerse con facilidad, tener palpitaciones, agitación, tensión muscular…

Estos síntomas normalmente aparecen a las pocas horas o días del suceso. Duran desde unos pocos días hasta unos meses, y van desapareciendo gradualmente a medida que se procesa el trauma.

Pero incluso si se siente mejor, de vez en cuando podría verse afligido por recuerdos dolorosos o emociones perturbadoras, especialmente en respuesta a detonantes como el aniversario del acontecimiento traumático o una imagen, sonido o situación que se lo recuerde.

Un ejemplo de todo esto pudo observarse a raíz del atentado de la maratón de Boston en abril de 2013: algunos soldados veteranos de guerra con trastorno por estrés post traumático, enfermaron los días posteriores al atentado, otros tuvieron “flashbacks” de la violencia de la guerra. Uno de ellos, que luchaba por superar su alcoholismo, volvió a beber. Otro, tras enterarse de las mutilaciones que sufrieron corredores y espectadores, comenzó a rumiar (pensar obsesivamente) recordando a un compañero soldado que quedó despedazado en combate.

TRASTORNO POR ESTRES POSTRAUMATICO

Este último ejemplo, nos lleva al trastorno. Si han pasado meses y los síntomas no disminuyen, necesitarás terapia psicológica si:

  • Te encuentras desconectado/a de otras personas o insensible a ellas.
  • Eres incapaz de forjar amistades cercanas.
  • Evitas cada vez más todo aquello que te recuerde al trauma.
  • Sientes mucho miedo, ansiedad o depresión.
  • Tienes problemas para seguir con tu rutina diaria.
  • Recurres al alcohol u otras sustancias para sentirte mejor.

La investigación más reciente nos muestra que el cerebro tiene 3 maneras de regular el sistema nervioso y responder a acontecimientos estresantes:

  • La actividad social: es la estrategia más evolucionada de que disponemos para sentirnos calmados y a salvo. Hablando o escuchando con atención a otra persona, echamos el freno a las respuestas defensivas del tipo “lucha o huida”.
  • Movilización o respuesta de lucha o huida: cuando la actividad social no es posible y sólo podemos defendernos o escapar de una amenaza. El corazón bombea más rápido, los músculos se tensan, aumenta la tensión, se acelera la respiración y se agudizan los sentidos.
  • Inmovilización: ocurre cuando hemos vivido una cantidad de estrés abrumadora y, aunque el peligro inmediato ya ha pasado, nos encontramos “bloqueados”. Nuestro sistema nervioso es incapaz de retornar al estado anterior y no podemos dejar atrás lo que sucedió. Esto es el TEPT.

Lo que ocurre en el trastorno por estrés post traumático, es que los síntomas que un trauma ha causado perduran en el tiempo y el sistema nervioso se queda atascado sin poder recobrar su equilibrio natural.

Las personas no sufren de trastorno por estrés postraumático justo después de haber sufrido un trauma. A diferencia del cuadro de estrés agudo que se experimenta por un trauma reciente, en el TEPT, pasarán meses o incluso años, hasta que aparezcan los síntomas. Algunos pacientes no entienden que puedan padecer de TEPT porque no asocian lo que están sintiendo en ese momento con un trauma del pasado que pueden incluso no recordar.

Hay 3 grupos de síntomas que caracterizan al trastorno:

  1. Revivir el episodio traumático.
  2. Evitar todo lo que recuerde a ello.
  3. Sentir ansiedad y agitación emocional. Estar en guardia constante.

DISOCIACION

Quienes han sufrido un trauma, ya sean adultos, adolescentes o niños; lo sobrellevan con una variedad de mecanismos psicológicos denominados “de defensa”. Uno de los más efectivos, es un complejo proceso mental llamado disociación. Durante la disociación hay un cambio en la conciencia de la persona que interrumpe las funciones normales de interconexión entre su identidad, memoria, pensamientos, sentimientos y experiencias.

Un ejemplo benigno de disociación es cuando soñamos despiertos durante una clase o charla que nos aburre. O cuando estamos al volante en el coche y nos damos cuenta de que no recordamos los últimos kilómetros recorridos, parece que el coche nos ha llevado solo pues hemos estado conduciendo como autómatas “con la cabeza en otro lado”.

Las personas pueden utilizar este recurso natural de la disociación para evitar tomar conciencia de una experiencia traumática incluso mientras está ocurriéndoles.
Para algunos (los que sufrirán de TEPT), estos pensamientos, emociones o “recuerdos” sobre el suceso traumático aflorarán en el futuro. Esto lleva siendo documentado durante alrededor de 100 años en la literatura sobre los veteranos de guerra que han sobrevivido a un conflicto.

Hay pacientes con TEPT que se describen como “poseídos” por estos recuerdos que se entrometen en sus vidas diarias. No se pueden sacar las imágenes de la cabeza. Suelen tener pesadillas, “flashbacks” o incluso revivir el suceso como si estuviera ocurriendo en ese preciso instante.

Otros puede que padezcan de amnesia disociativa: desconectan de su memoria involuntariamente siendo incapaces de recordar los hechos que le traumatizaron.

Existen varios factores que influenciarán en si el evento traumático será recordado o no.

Por ejemplo, los traumas puntuales (una agresión o una violación, por ejemplo) son más proclives a ser recordados que aquellos traumas que son sufridos repetidas veces (violencia doméstica continuada, incesto, torturas de presos políticos, luchar en una guerra durante un tiempo prolongado…).
También es más probable que se recuerden los desastres naturales o accidentes, que aquellos traumas causados por otras personas.

La corta edad es otro factor que tiende a jugar en contra de los recuerdos: los adultos son menos tendentes a olvidar que los niños o adolescentes.

Casos de estudio muestran además, que en aquellas ocasiones en las que el paciente ha debido mantener su vivencia en secreto (por presión social, familiar o de otro tipo), será más probable que aparezca amnesia disociativa. Un ejemplo de ello es la chica que ha sufrido abusos sexuales por parte de un familiar cercano.

Así vemos que un mecanismo de defensa que en principio podría ser beneficioso para preservar la integridad psicológica de una persona, como es la disociación, se vuelve un arma de doble filo y se convierte en un trastorno.
A corto plazo les protege de tomar conciencia del dolor, ayuda a la supervivencia en situaciones límite, pero a largo plazo les perjudica en su identidad y su historia personal. Para algunas personas, la disociación es tan frecuente que resulta en una patología seria, con problemas para relacionarse o para trabajar en condiciones de estrés, por ejemplo.